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ECONOMÍA

Bankia, los que pasaron y los que vendrán

Bankia, los que pasaron y los que vendrán

Este país de las Españas lo tiene todo, todo, todo. Hasta “honorables señores”  que no tienen vergüenza ni honradez y su falta de escrúpulos hace que se atrevan a realizar maquiavélicos actos, tan indignos, que sus propios los dignifican para ponerlos en el brillante pedestal apolillado de la honorabilidad:

cuya propia carcoma en sus avaricias insaciables y las traperas pugnas de poder acaban bajándolos de la inmerecida peana: tirándolos a los pies del pueblo, para que desde el “linchamiento popular”, que absuelve de la acción de la justicia, cobardemente le sirva en bandeja entre insultos y cabreos de tabernas y bares de copas la impunidad de sus malvados actos y avaras fechorías dándole salvoconducto para que sigan saqueando. “No son ayudas a Bankia sino capital; no hay que devolver nada”. Menudo peligro para el sufrido pueblo y menudo filón para los pícaros saqueadores cargan las palabras pronunciadas por Goirigolzarri ante la prensa. Bankia, los que pasaron y los que vendrán: socializando a posteriori el saqueo que cometen para, desde los formalismos y legalismos dudosos, llevarse el dinero a espuertas a sus ansiosos bolsillos que les garantiza el cumplimiento de sus ambiciones materiales e inmorales convicciones. ¡No en mi nombre! Deseo enormemente, por el honor y la memoria de los genuinos honorables de la historia, que los saqueadores que se visten de honorables señores y utilizan falsas gentiles caretas que desde la maligna cultura de lo fácil y el pelotazo barren la decencia, la ética y la moral: acaben ante la justicia pagando sus vomitivos desmanes. Hasta que esto no ocurra la gente no aprenderá a vestirse con el traje de la decencia.

La vuelta a la peseta

La vuelta a la peseta

Equilibrar la balanza de los ingresos y gastos en los hogares ha sido históricamente el quebradero de cabeza número uno de las distintas generaciones que han precedido el tiempo actual. Hoy, una barra de pan cuesta, ochenta y cinco céntimos de euro, (ciento cuarenta y una pesetas con cuarenta y dos céntimos); un kilo de pollo, tres euros con cincuenta y cinco céntimos, (quinientas noventa pesetas con sesenta y siete céntimos); un café, un euro con diez céntimos, (ciento ochenta y tres pesetas y dos céntimos)… La peseta se fue el día uno de Enero del 2002, y hasta la fecha, menuda es la diferencia de precios provocada por el canon euro. En aquel año, un salario de cien mil pesetas era atractivo, hoy no lo es, y sin embargo los salarios se siguen pagando en pesetas (la peseta sigue siendo indiscutible referente para fijar los salarios) y las compras se realizan en euros. Ahora, es cuando se empieza a tomar una conciencia generalizada del valor real de un euro. Ahora, es cuando la pregunta ¿llegas a final de mes? suena y resuena por todos los lugares. Ahora, por un final de mes digno, los ciudadanos, que son, todos, trabajadores dependientes de un salario, deberían exigir al gobierno la vuelta a la peseta: o equiparar los salarios al euro.